Cuando hablamos desde universos distintos

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El propósito del lenguaje es comunicar. En todo acto de comunicación debe haber un universo, un contexto y una situación. Estos tres aspectos forman lo que llamamos el universo del discurso. Cuando hablamos de un universo nos referimos al mundo del hablante. El contexto alude a un entorno lingüístico que deben compartir los interlocutores. Tiene que ver con el tema, con lugares cercanos o lejanos y con tiempos pasados, presentes y futuros. La situación se refiere al lugar donde ocurre el acto y al contexto externo que se relaciona con el enunciado. Para que la comunicación funcione, para que sea eficaz, los interlocutores deben alinearse en el mismo universo del discurso, ya sea en un mundo real o imaginario. Sin embargo, en ocasiones podrían estar desconectados, es decir, en universos distintos.

En su libro Semantics: a coursebook, James R. Hurford, Brendan Heasley y Michael B. Smith presentan el concepto del universo del discurso como aquello que se establece o se considera en una conversación en un mundo particular. Por ejemplo, en un mundo real es posible decir “En 1969, Armstrong y Aldrin caminaron sobre la Luna”. Por otro lado, si decimos “Mi hermano vive en la luna”, esto es posible en un mundo ficticio, al menos hasta el momento. En ambos mundos, los participantes deben tener los mismos referentes para que se logre la comprensión en la comunicación. En el caso del mundo irreal o imaginario, siempre habrá un referente del mundo real que ayudará al interlocutor a comprender el significado de lo que se expresa.

¿Por qué no me entienden?
Pero ¿qué ocurre cuando los hablantes no comparten el universo del discurso? Si la persona no conoce el significado de las expresiones referenciales, si el contexto le es ajeno o parte de ideas preconcebidas, esas expresiones referenciales cambian de significado o no tienen significado alguno. Es como si hablaran lenguas diferentes para las que no tienen conocimiento.

Cuando el interlocutor tiene referentes distintos al del hablante, da otra interpretación a lo que se plantea. Esto ocurre también cuando los interlocutores argumentan con intenciones o fines opuestos. En casos como ese, no se ponen de acuerdo, ya sea por decisión propia o porque no salen de su mundo para tratar de comprender el del otro. A fin de cuentas, cada uno tendrá su interpretación y no llegarán a nada.

Evitemos la confusión
La comunicación desde distintos universos de discurso crea confusión. Esto puede deberse al desconocimiento del tema en cuestión de parte de un interlocutor, a la falta de atención ante lo que le interesa al otro o a la falta de claridad de expresión de parte del hablante. Por otro lado, la veracidad de lo que se dice depende del dominio del discurso. Por ejemplo, si decimos “Los vecinos son amables” y nos referimos a un grupo de vecinos en particular, la proposición es verdadera. En cambio, si hablamos en términos generales, acerca de todos los vecinos del mundo, la proposición es falsa.

En fin, no debemos suponer que el receptor conoce el contexto de lo que hablamos. Si nuestra profesión requiere comunicación oral y constante, como el maestro con los estudiantes, debemos asegurarnos de que los implicados conozcan los referentes del tema para poder hablar desde el mismo universo. De lo contrario, podría ocurrirnos como al maestro que pregunta “A ver, ¿el sol sale por…?” a lo que alguien contesta “¡la mañana!”.


Vilma R. Varela González
Editora y especialista sénior de Español
College Board Puerto Rico y América Latina